Noticias de la Campaña estatal #NoalTTIP

El TTIP y la arquitectura de la impunidad

Más de un millón de personas a nivel europeo han firmado ya el llamamiento para detener las negociaciones del Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP, por sus siglas en inglés) que actualmente están llevando a cabo la Unión Europea y Estados Unidos. Y es que este es un acuerdo comercial con el que pretenden eliminarse las barreras arancelarias entre ambos socios, así como los obstáculos reglamentarios —las normativas básicas en materia social y medioambiental— que limitan la acumulación de riqueza de las grandes corporaciones.

Los principios jurídicos en los que se fundamenta el TTIP forman parte de la armadura jurídica que limita el ejercicio de la democracia y de la soberanía de los pueblos. La herencia normativa del capitalismo global —los contratos, las normas de comercio e inversiones de carácter multilateral, regional y bilateral, y las resoluciones de los tribunales arbitrales que conforman la nueva lex mercatoria— condiciona el devenir de las mayorías sociales. El TTIP no es sólo un acuerdo comercial, es un nuevo tratado fundacional al servicio de las empresas transnacionales.

La técnica jurídica utilizada por el TTIP no es neutral: es lo que podríamos llamar la arquitectura de la impunidad, construida a favor de las compañías multinacionales y del capital. La desigualdad y la asimetría son elementos constitutivos del Tratado; además, su opacidad, su falta de transparencia y la reinterpretación de los elementos formales que constituyen el Estado de Derecho deben ser conocidos, desmontados y reapropiados por las mayorías sociales.

Contexto jurídico: Los derechos de las empresas transnacionales se tutelan por un ordenamiento jurídico global basado en reglas de comercio e inversiones cuyas características son imperativas, coercitivas y ejecutivas (Derecho duro), mientras que sus obligaciones se remiten a ordenamientos nacionales sometidos a la lógica neoliberal, a un Derecho Internacional de los Derechos Humanos manifiestamente frágil y a una Responsabilidad Social Corporativa (RSC) voluntaria, unilateral y sin exigibilidad jurídica (Derecho blando o soft law). El TTIP forma parte de este entramado jurídico-político de dominación.

Falta de legitimidad democrática: El secreto y la opacidad son elementos constituyentes del TTIP, ya que las normas de comercio e inversiones se elaboran fuera del control parlamentario y de la ciudadanía. Desconocemos los negociadores, los criterios utilizados, las decisiones adoptadas… Y se envuelve todo el procedimiento de valoraciones técnicas que “necesitan de la confianza” y “discreción entre los negociadores”; se toman decisiones a espaldas de la ciudadanía y al margen de los procedimientos parlamentarios, secuestrando los textos en discusión incluso a los representantes públicos.

Iter normativo: Toda la tramitación del TTIP quiebra los principios básicos del Estado de Derecho, es decir, las garantías procesales de la ciudadanía (transparencia, separación de poderes, debates parlamentarios, etc.). Ahora bien, el resultado final de la norma es de una gran seguridad jurídica y de obligado cumplimiento. Todo lo contrario que las normas de derechos humanos, cuya tramitación o iter normativo está muy abierta a las propuestas y al debate, pero su resultado final es de una seguridad jurídica muy frágil.

Desregulación de obligaciones: Se pretende eliminar toda barrera —arancelaria o no— que dificulte el desarrollo del libre comercio y de la inversión. Para eso se procede a la armonización normativa a la baja; es decir, si el control financiero es más estricto en EEUU, se armoniza teniendo en cuenta la regulación europea. Si la legislación laboral es más protectora en la Unión Europea, se aplican las normas de Estados Unidos que desregulan los derechos de los trabajadores y trabajadoras. Así, se armoniza desregulando los derechos de las mayorías sociales en todas las materias susceptibles de comprarse y venderse.

Re-regulación de derechos: La desregulación de las obligaciones de las transnacionales, una técnica clásica del modelo neoliberal, se combina con la re-regulación de sus derechos. Si en los años noventa el neoliberalismo se planteaba reducir el Estado y dejar vía libre a los mercados, ahora con el TTIP se busca un Estado fuerte que garantice los beneficios de las transnacionales europeas y estadounidenses. El Estado es imprescindible para la acumulación de riqueza del capital y para dirigir y reformar la sociedad al servicio de la grandes corporaciones.

Resolución de diferencias inversor–Estado: Es un sistema paralelo al poder judicial —se trata de tribunales privados— favorable a las empresas transnacionales, que queda al margen de los poderes judiciales nacionales e internacionales. Es una justicia para ricos. Únicamente las empresas demandan a los Estados y no hay previsión formal por la que el Estado receptor puede demandar al inversor extranjero. Las transnacionales eligen la jurisdicción, existen dificultades para que las audiencias sean públicas y no se requieren agotar los recursos internos nacionales. Es más, puede ser incluso una instancia de apelación a las sentencias de tribunales ordinarios y no cabe recurso al fallo arbitral.

Reinterpretar esta armadura jurídica: Frente a todo ello, es necesario restablecer la competencia territorial de los tribunales nacionales, recuperar el papel de los parlamentos y poner en marcha iniciativas legislativas populares. Y promover normas internacionales que no refuercen la fuerte asimetría existente entre la lex mercatoria y el Derecho Internacional de los Derechos Humanos sino que, por el contrario, puedan servir para poner los derechos de las personas y los pueblos, como mínimo, al mismo nivel que los de las grandes empresas.

*Juan Hernández Zubizarreta es profesor de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU).

Las consecuencias laborales del TTIP: crónica de un desastre anunciado

Dumping social y competencia normativa a la baja son las primeras consecuencias que se prevén de lo que hasta ahora se conoce del Acuerdo de Libre Comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea (TTIP)

Ante estas nuevas rebajas en los derechos laborales, la respuesta de las fuerzas políticas y sindicales debe ser clara y rotunda para conseguir sensibilización social y movilización frente al Tratado

La séptima ronda de negociaciones del TTIP (el Acuerdo de Libre Comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea) tuvo lugar hace dos meses y la información que tenemos acerca del futuro Tratado sigue siendo escasa y profundamente sesgada. Su impacto, indudable, sobre los derechos de las y los trabajadores de ambos lados del Atlántico se mantiene oculto y silenciado.
El pasado octubre, ante la presión social, la UE desclasificó el documento con el que, en junio de 2013, el Consejo dio el mandato a la Comisión para que comenzaran “oficialmente” las negociaciones con EEUU; unas negociaciones que ya se venían realizando de manera opaca desde al menos el año 2005. Con este documento se habilitó a la Comisión para negociar con EEUU un acuerdo para aumentar el comercio y la inversión entre las dos partes con tres objetivos: la eliminación de barreras al comercio, arancelarias y especialmente no arancelarias (normativa aplicable a la producción de bienes y servicios); la búsqueda de la convergencia entre ambos sistemas de “regulación” de la producción (es decir, aproximación de las normas jurídicas estatales que no puedan eliminarse); y la elaboración de normas comunes para ser posteriormente compartidas a nivel internacional.
En materia de derechos laborales, el documento se refiere únicamente a la obligación de las partes de incluir en el acuerdo mecanismos para apoyar la promoción del trabajo decente y la implementación de los estándares fundamentales de la Organización Internacional del Trabajo, sin mayor concreción. Más allá de este documento, no es posible encontrar una referencia concreta sobre los derechos laborales en la información que publica la UE.
La desclasificación de esta escasa información ha venido seguida de una amplia campaña de promoción y justificación del Tratado por parte de las instituciones europeas. Una serie de informes señalan las ventajas y el crecimiento económico que conllevaría la firma del acuerdo con Estados Unidos, indicando que la total apertura comercial generaría billones de beneficio en ambas economías. En concreto, se afirma que un 80% de las ganancias que implicaría el acuerdo resultarán de la reducción de los “costes” impuestos por la “burocracia y las regulaciones”, así como de la liberalización del comercio en servicios y en la contratación pública, evidenciando que el principal objetivo del acuerdo no es la reducción de aranceles sino la reducción de las normas que regulan derechos; entre otros, los laborales.
Esta campaña de propaganda está siendo cuestionada desde diversos ámbitos científicos, que señalan a su vez otras preguntas para la cual los economistas entregados al TTIP no tienen respuesta: ¿quién va a beneficiarse de esta generación de riquezas? ¿qué grado de afectación en el bienestar de la población tendrán las medidas respecto de los servicios públicos? ¿puede provocar el TTIP una reducción de los derechos laborales?
Centrándonos en esta última cuestión, cabe recordar que la firma de un tratado de libre comercio multiplica los supuestos de prestaciones transfronterizas de servicios y de movilidad transnacional de empresas, poniendo en contacto de manera habitual distintos ordenamientos jurídicos laborales y distintos niveles de protección de derechos. Esta situación no plantearía problemas si se dieran dos circunstancias: por un lado, que el tratado incluyera estándares comunes respecto de los derechos laborales (salario mínimo, jornada máxima, derechos colectivos, etc.); por otro lado, y aun sin darse la primera condición, que el tratado incluyera una cláusula de intangibilidad o no regresividad que obligara a los Estados a mantener los niveles laborales inalterados. En el caso de que no se dé ninguna de las dos circunstancias, la experiencia nos dice que, cuando entran en contacto ordenamientos laborales dispares y se deja a la libre elección del capital el lugar para ubicar la empresa o el lugar donde prestar los servicios, se producen dos fenómenos ya habituales en el ámbito de la UE: el dumping social y la competencia normativa a la baja.
El dumping social es una estrategia empresarial para abaratar costes sociales trasladando la producción a un Estado con derechos laborales más reducidos (normalmente salariales). También es posible que las empresas sólo desplacen a sus trabajadores para prestar servicios en un Estado con estándares laborales más altos, pero manteniendo sus condiciones de trabajo de origen, situándose así en una mejor posición en materia de costes sociales que las empresas nacionales. Por otro lado, la competencia normativa es un fenómeno que se produce cuando, en la situación de disparidad normativa antes descrita, los gobiernos pretenden atraer a empresas extranjeras a través de la reducción de derechos laborales (salarios inferiores o facilitación del despido).
Todos estos fenómenos forman parte de la realidad de la UE. Es cierto que para controlar, mínimamente, el dumping social y acallar las críticas respecto del déficit social de la UE, se han adoptado diversas medidas de escaso resultado. No obstante, el fenómeno de la competencia normativa se ha convertido en la estrategia de las autoridades financieras internacionales, establecida en la actualidad a través de los mecanismos de gobernanza económica de la UE. El resultado es evidente y sólo hace falta observar el agravamiento de las disparidades en materia laboral y social en el ámbito de la UE, con Grecia, España, Portugal e Irlanda a la cabeza del desempleo, la precarización, de la pobreza y la exclusión.
A la vista de lo antedicho, para evaluar el impacto del TTIP sobre los derechos laborales debemos tener en cuenta dos premisas: por un lado, que la integración económica en el ámbito europeo ha tenido consecuencias negativas para una mayoría de las y los trabajadores, especialmente del sur, aun a pesar de que los Estados miembros de la UE -al menos hasta las últimas ampliaciones- comparten tradiciones cercanas en cuanto al reconocimiento de derechos sociales y laborales; por otro lado, que con el TTIP se van a poner en contacto dos sistemas básicamente opuestos en cuanto al reconocimiento y protección de derechos laborales como son la norteamericana y la europea (o al menos la de una mayoría de los Estados de la UE). Una mirada al número de ratificaciones de convenios de la OIT nos da una idea de esta disparidad: España ha ratificado 133; Francia, 125; Alemania, 85; y Estados Unidos, 14, entre los que no aparecen los convenios relativos a la libertad sindical.
Ante esta situación algunos proponen la vía de forzar la inclusión en el futuro Tratado de cláusulas de no regresividad, de reconocimiento de los estándares laborales, de excepción de las cuestiones laborales del ámbito de actuación del sistema especial de resolución de controversias, etc. Sin embargo, ninguna de estas cláusulas -en el dudoso caso de integrarse- evitaría la futura carrera a la baja de los derechos laborales. La experiencia de la UE así lo ha demostrado. No caben parches en el TTIP, ni en materia laboral ni medio ambiental ni sanitaria. La única posibilidad que tenemos para mantener nuestros derechos es la oposición frontal y rotunda de los pueblos de Europa para demostrar, como ya se hizo frente a aquella falsa “Constitución Europea”, que todo engaño tiene un límite. La realización de campañas, como la de ATTAC, frente al Tratado es ahora una prioridad para sensibilizar a las mayorías sociales y conseguir una movilización sostenida que haga frente al antidemocrático y antisocial TTIP. Una vez más, la respuesta debe venir de las calles y asumirse como caballo de batalla por las fuerzas políticas y sindicales que defienden los derechos de la gente.

Susan George: "El Tratado de Libre Comercio es un animal peligrosísimo"

Acto contra el TTIP, CETA y TISA organizado por el GUE este martes, en Bruselas. FLICKR GUE/NGLLa Izquierda Unitaria Europea organiza un seminario para alertar de los peligros del acuerdo entre la UE y EEUU, en el que la directora del TNI defiende que aún es posible pararlo: "Si sacamos el vampiro a la luz del día, retrocede y se muere"
 
Susan George se ha referido en más de una ocasión al acuerdo comercial que Bruselas y Washington negocian con sigilo como el "tratado vampiro", y este martes ha expuesto su "estrategia Drácula" para acabar con el monstruo: "Si sacamos el vampiro a la luz del día, retrocede y se muere".

Con estas palabras, la directora del Transnational Institute de Ámsterdam y una de las caras más conocidas en la lucha contra polémico acuerdo comercial ha sintetizado las ideas y la estrategia a seguir que la Izquierda Unitaria Europea (GUE/NGL) ha desgranado este martes en Bruselas: aún es posible parar el acuerdo, sólo hay que revelar su verdadera naturaleza, incidir en la letra pequeña de la alianza que la UE y EEUU intentan vender agarrándose a los números más optimistas de un estudio económico elaborado en 2013 sobre los supuestos beneficios económicos que conllevaría para los ciudadanos. "En la hipótesis más optimista esto equivaldría a un café por europeo en el año 2017. Otros estudios avisan de la destrucción masiva de puestos de trabajo", rebate George. "Tenemos que dejar claro el contenido del TTIP a todos los ciudadanos europeos", zanja.
Zimmer (GUE): "No se trata del comercio, sino de la democracia, de los derechos sociales y del medio ambiente" La Izquierda Unitaria Europea ha celebrado este martes en Bruselas el seminario Por una agenda comercial de los ciudadanos, Stop TTIP, CETA y TISA, para alertar de los múltiples peligros que a su juicio encierran el tratado de libre comercio entre Bruselas y Washington (Transatlantic Trade and Investment Partnership, TTIP), la alianza comercial entre la UE y Canadá (Comprehensive Economic Trade Agreement, CETA) y el acuerdo sobre servicios que negocian la Unión, EEUU y otros 20 países (Trade In Services Agreement, TISA).
Las negociaciones sobre el TTIP comenzaron hace año y medio, y el grupo parlamentario al que pertenecen IU o Podemos lleva desde entonces mostrando su rechazo al polémico tratado. La presidenta del GUE/NGL, Gabi Zimmer, no ha podido ser más clara: "Nos estamos negando. El GUE está a favor del comercio, pero justo y equitativo. Con el CETA y el TTIP no se trata del comercio, se trata de la democracia, de los derechos sociales y del medio ambiente". Este martes, su grupo parlamentario se ha rodeado de expertos, representantes sindicales y políticos de ambos lados del Atlántico para explicar su posición y mostrar sus cartas: van a seguir advirtiendo de los peligros del TTIP para que la ciudadanía europea exija que sea rechazado, como ocurrió en 2012 con el polémico Acuerdo Comercial de Lucha contra la Falsificación, ACTA.
 
Conservadores, Socialistas y Liberales defienden los supuestos beneficios del TTIP en la Eurocámara, pero se muestran más reacios a reconocer la falta de transparencia de las negociaciones, o a discutir sobre la cláusula de protección de inversiones (ISDS) que incorpora, y que permitirá a las empresas inversoras demandar a los estados ante paneles arbitrales, y no ante los tribunales nacionales, de considerar perjudicadas sus inversiones por los cambios normativos que realicen estos estados.
Suelen omitir también la existencia de un Consejo de Cooperación Reguladora en el TTIP: una suerte de mesa de negociaciones a la que se sentarán las empresas después de la ratificación del acuerdo, para seguir negociando sobre la marcha distintos aspectos del tratado. Eso, por no hablar del principio de reconocimiento mutuo de estándares que se aplicará en distintos sectores: la UE y EEUU darán por buenos los estándares del contrario en varias áreas en las que interpretarán que estos son similares, por lo que los menos exigentes prevalecerán junto a los más duros, reduciéndose de facto este nivel de exigencia normativa.
"Lo que quieren es discutir las propuestas de los lobbies: es un peligro para la legislación vigente, pero también para el avance regulador en el futuro", asegura Kenneth Haar, del Observatorio Corporativo Europeo (CEO). "Se van a intentar cargar la regulación. Poco importa lo que sufran los ciudadanos, lo importante es sacar tajada del acuerdo", zanja George.
"Cuando la gente sepa sobre el TTIP tendrá motivos para rechazarlo"
 
George: "No quiero que entremos a negociar un aspecto u otro: se tiene que rechazar en su totalidad" La presidenta del think tank Transnational Institute en Ámsterdam asegura que el mayor efecto del TTIP será climático: "Hablamos de la vida sobre la Tierra". "El TTIP apoya el petróleo, el fracking, dará acceso sin restricciones a las materias primas, a lo que está en el suelo", explica.
George sostiene que el acuerdo puede dejar sin trabajo a 2 millones de pequeños agricultores en la UE y facilitar una explosión de casos de demandas a estados gracias al ISDS, además de permitir a las empresas imponer de facto una nueva legislación laboral, o de abrir la puerta a las privatizaciones
"Las negociaciones van bastante mal"
Cécile Tubeau, de la ONG Transporte y Medio Ambiente, aseguraba este martes que las negociaciones del TTIP están "algo paradas", para después afirmar "que van bastante mal".
Harris: "He estado viviendo con el NAFTA: los europeos tienen muchas razones para estar preocupados"
Tubeau explicó que en áreas como los servicios públicos "hay compromiso cero para avanzar", y que los negociadores "han hablado bastante sobre telecomunicaciones, pero aún no han tocado muchos temas, y ni siquiera saben cómo empezar a negociar, porque no hay indicaciones políticas".
Asegura que el grueso de las reuniones sobre las pruebas de seguridad de vehículos, la evaluación de sustancias químicas o las energías renovables no se abordarán hasta 2015, por lo que los negociadores que en la UE lidera Ignacio García Bercero tienen aún mucho trabajo por delante. "Hay intención política en salir del atolladero, pero creo que los reguladores saben que es imposible salir", aseguraba. 
El precedente canadiense
"He estado viviendo con el acuerdo NAFTA [México, Canadá y EEUU]. Los europeos tienen muchas razones para estar preocupados", asegura Scott Harris, de la ONG Consejo de Canadienses. El activista denuncia que el mecanismo de protección de inversiones del acuerdo NAFTA ya ha llevado a Canadá ante tribunales arbitrales en 35 ocasiones desde 1994, con el consiguiente desembolso de más de 136 millones de euros en costear estos procesos y pagar indemnizaciones."En Canadá no hay medidas sociales desde que se aprobó el acuerdo", lamenta.
Harris coincide también con el resto de expertos en que el ISDS únicamente sirve para "dar ventajas a las empresas a las extranjeras", y asegura que el mecanismo afecta a la función regulatoria de los estados. "El derecho a regular no se protege con estos acuerdos, lo vemos en los australianos, en sus intentos por limitar a las tabacaleras. Cada vez vemos más ejemplos de que se está intentando usar el ISDS contra los estados". "El simple hecho de que alguien pueda llevarte ante este mecanismo hace que el Gobierno no legisle, que tenga miedo. En Canadá lo estamos viendo con la moratoria del fracking", afirma. 
Harris: "El simple hecho de que alguien pueda demandarte hace que el Gobierno no legisle, que tenga miedo" El activista asegura que hay "aspectos paralelos" entre algunos de los capítulos del TTIP o el CETA, y sostiene que en esencia este tipo de alianzas suelen buscar el mismo objetivo: beneficiar a las empresas y apuntalar el modelo neoliberal. "Quieren hacer posible lo que hoy no lo es: entregar el poder a las multinacionales", apunta el diputado Oscar Matute (EH Bildu).
"El NAFTA tiene un capítulo sobre energía, el de Reparto Proporcional. Establece Canadá no puede reducir la producción de energía que se exporta a EEUU: estamos atados a un plan energético con ellos", denuncia Harris.
El Europarlamento, mero observador
Tom Kucharz, de Ecologistas en Acción, recuerda que el presidente Barack Obama tiene intención de saltarse al Senado y al Congreso estadounidenses para acelerar la firma del acuerdo, pero previsiblemente no logrará el apoyo necesario, ya que muchos demócratas y republicanos ven con recelo varios aspectos del tratado.
El PP ha registrado una PNL en la que insta al Gobierno a presionar para concluir las negociaciones 
Mientras gobiernos como el de Merkel o Rajoy presionan para acelerar el acuerdo, la oposición a la alianza crece: los sindicatos mayoritarios europeos se niegan a ponerse al nivel de un país que no acepta las directrices de la Organización Mundial del Trabajo (OIT), las fuerzas políticas denuncian la opacidad de las negociaciones, el enorme peso de los lobbies en las reuniones y el poder que el acuerdo brindará a las empresas , y las organizaciones sociales de los distintos países intentan establecer estrategias comunes, al tiempo que realizan demostraciones de fuerza. 
Ya han logrado reunir dos millones cien mil firmas en contra del acuerdo en dos iniciativas ciudadanas europeas distintas: Bruselas ni siquiera permitió el registro de la primera, y la Plataforma europea Stop-TTIP entregó el millón cien mil firmas recabadas para la segunda en la sede de la Comisión Europea este martes, como regalo a su presidente, Jean Claude Juncker, que el mismo día celebraba su 60 cumpleaños.
 
El Europarlamento ni siquiera puede jugar un papel de observador, ya que sólo siete eurodiputados tienen acceso a algunos de los documentos de las negociaciones, y únicamente se limitará a aprobar o rechazar un tratado que previsiblemente también pasará por los parlamentos nacionales.
La pelota queda en el tejado de la Comisión, que lleva meses desarrollando una tímida estrategia de blanqueo de imagen del acuerdo que según los expertos reunidos por el GUE se intensificará entre enero y febrero, cuando tendrá lugar la octava ronda de negociaciones. La comisaria de Asuntos Interiores, Cecilia Malmström, promete más transparencia, y asegura que desde el 1 de enero todos los eurodiputados podrán acceder a una parte de los documentos -no a los datos más sensibles-, mientras Francia sostiene que no ratificará el acuerdo si este incluye una cláusula de protección de inversiones ISDS.
Lola Sánchez busca la cooperación
Decenas de eurodiputados y representantes políticos han acudido este martes al seminario del GUE. Tras las conferencias, europarlamentarias como Marina Albiol (IU) se han rodeado de expertos para celebrar talleres sobre distintos aspectos del TTIP. Lola Sánchez, eurodiputada de Podemos, ha coordinado un seminario al que han asistido varios miembros de IU, además de representantes de movimientos sociales contra el TTIP españoles, italianos o británicos. La idea es coordinar a las distintas iniciativas para organizar actos internacionales en protesta contra el tratado, además de desarrollar seminarios y discutir técnicas con las que introducir el acuerdo en la agenda pública. Los participantes en el seminario anticipan que las acciones contra el TTIP no han hecho más que empezar, y que 2015 es un año fundamental en su lucha contra el polémico tratado, mientras Bruselas y Washington pisan el acelerador para lograr que llegue a buen puerto antes de que sea posible pararlo.

Más de millón y medio de firmas contra el TTIP para Juncker por su cumpleaños

La coalición STOP TTIP, formada por más de 320 organizaciones europeas, se marca como objetivo recoger 2 millones de firmas en contra del tratado económico entre la Unión Europea y Estados Unidos. 
Un grupo de unas 150 personas ha presentado a las 13h ante la Comisión Europea, en Bruselas, el más de un millón de firmas recogido en toda Europa en contra de la Asociación Transatlántica sobre Comercio e Inversión (TTIP, por sus siglas en inglés) que se está negociando entre la Unión Europea y los Estados Unidos, y contra el CETA, acuedo de libre comercio con Canadá. La entrega se ha hecho de modo simbólico el día del cumpleaños de Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión, que se ha negado a encontrarse con las organizaciones que se oponen a las negociaciones de ambos tratados. Durante la acción reivindicativa, en la que se ha "celebrado" el cumpleaños de Juncker, la activista Susan George, del Transnational Institute y Attac, ha insistido en que "lo primero ahora es parar el TTIP" y ha añadido que es necesario alzar la voz "hasta que no tengan más remedio que escucharnos".

El pasado 7 de octubre, las más de 320 organizaciones europeas que forman parte de la coalición Stop TTIP lanzaron una iniciativa a nivel europeo con la que pretendían alcanzar un millón de firmas que muestren la oposición de la ciudadanía a las negociaciones de estos acuerdos de libre comercio. Esta acción se inició después de que la Comisión Europea rechazara, argumentando que el TTIP todavía se encuentra en negociación, el registro por parte de Stop TTIP de una Iniciativa Ciudadana Europea (ECI, por sus siglas en inglés) que, con la obtención de un millón de firmas, pretendía empujar a la revisión de la política de negociaciones del TTIP y obligar a celebrar una audiencia en el Parlamento Europeo sobre este tema.

Ante la negativa de la Comisión Europea de aceptar el registro de esta ECI, Stop TTIP se empeñó en lanzar otra ECI autoorganizada que no sólo ha logrado a día de hoy 1.101.539 firmas, sino que ayer, 8 de diciembre, alcanzaba el segundo requisito básico exigible a una ECI: que un mínimo de población de siete países distintos de la UE vote la iniciativa. El 100% de los votos necesarios se ha logrado ya en Francia, Alemania, Luxemburgo, Reino Unido, Finlandia, Austria y Eslovenia.

El objetivo de la campaña ahora, según uno de sus portavoces, Michael Efler, y ante la negativa de la Comisión Europea a escuchar a más de un millón de ciudadanos, es alcanzar en un plazo breve dos millones de firmas que muestren una oposición clara de la ciudadanía europea tanto al CETA como, principalmente, al TTIP, que se está negociando en estos momentos con gran opacidad y que, según denuncian las organizaciones de la sociedad civil, pueden provocar, entre otras consecuencias, una pérdida de derechos laborales, desregulación medioambiental, privatización masiva de servicios públicos, una pérdida de cientos de miles de puestos de trabajo y el control total de las grandes corporaciones sobre la regulación de los Estados.

La presentación de las firmas se ha hecho en el marco de unas jornadas celebradas en el Parlamento Europeo en contra del TTIP y organizadas por Izquierda Plural y el grupo de la Izquierda Unitaria Europea, en las que están participando organizaciones de la sociedad civil tanto europeas como estadounidenses que pretenden formar un frente común contra la aprobación de este tratado de libre comercio.

El regalo de cumpleaños de Juncker: un millón de firmas contra los tratados comerciales

Activistas contra los tratados comerciales entre la UE y EEUU y Canadá (TTIP y CETA, respectivamente) posan junto a un Juncker ficticio frente a la sede de la Comisión Europea.La Izquierda Unitaria Europea felicita al presidente del Ejecutivo comunitario llevando las rúbricas a la sede de la institución en Bruselas, para mostrar su rechazo a los acuerdos con EEUU y Canadá de los que se beneficiarán las multinacionales
La Izquierda Unitaria Europea ha dado un nuevo toque de atención al presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker. Este martes, el político conservador celebra su sesenta cumpleaños, y los europarlamentarios del GUE/NGL han decidido regalarle de forma simbólica el millón de firmas de ciudadanos europeos y norteamericanos recabadas por la Plataforma Stop TTIP, para frenar los tratados de libre comercio con EEUU y Canadá —TTIP y CETA, respectivamente—.
En un plaza ubicada frente a la sede de la Comisión, cerca de 150 personas se han concentrado pasada la una de la tarde de este martes entre globos y serpentinas, junto a un hombre trajeado ataviado con una careta de Juncker. "Escúchenos, señor Juncker, no queremos el TTIP ni el CETA", le espetaba Susan George, una de las caras más conocidas de la lucha contra el tratado entre Bruselas y Washington. La presidenta del think tank Transnational Institute en Ámsterdam ha lanzado este mensaje al presidente de la Comisión, para después asegurar que no dejarán de trabajar hasta parar el acuerdo. "Estás obligado a escuchar, y nuestras voces se escucharán cada vez más altas", asegura.
 
"Estás obligado a escuchar, y nuestras voces se escucharán cada vez más altas", han espetado los manifestantes a un Juncker ficticioLos concentrados han lamentado la ausencia de interés del verdadero Juncker por los problemas de los ciudadanos y su cercanía a los lobbies, a apenas 200 metros del enorme cartel que cubre la fachada de la sede de la Comisión en Bruselas, en el que lucen los rostros del presidente y de sus comisarios —entre ellos Miguel Arias Cañete—, bajo los que figura el mensaje "un nuevo comienzo para Europa".
Después de cantar su particular versión del cumpleaños feliz, cargada de referencias a los tratados, George y el portavoz de la Plataforma, Michael Efler, han puesto rumbo a la sede de la Comisión para entregar las firmas. Más de 320 ONGs, sindicatos y fuerzas políticas de 24 países impulsaron hace dos meses su recogida, y hoy ya cuentan con más de 1.001.500 apoyos —la mayoría recabados por internet— a su Iniciativa Ciudadana Europea Autoorganizada, contra los tratados, similar a la que presentaron en septiembre ante la CE, que ni siquiera permitió que fuera registrada. La justificación fue que la iniciativa "está manifiestamente fuera del ámbito de competencias de la Comisión", tal y como aseguró en su día la institución.
El grupo parlamentario en el que se integran Podemos e IU es probablemente el más crítico con Juncker, que en su día se vio obligado a dimitir de su cargo como primer ministro de Luxemburgo por un escándalo de espionaje, y que ya apoyaba estas polémicas alianzas comerciales antes de sentarse en el sillón de presidente de la Comisión.
Para llevar a cabo la protesta, los europarlamentarios han aprovechado una pausa en las conferencias celebradas este martes en la capital belga contra los tratados TTIP, CETA y TISA, organizadas por el GUE/NGL. Decenas de eurodiputados y expertos de ambos lados del Atlántico han querido tomar parte en este encuentro, en el que han denunciado la opacidad con la que se negocian estos tratados, la pérdida de soberanía que supondría su aprobación para los estados y el excesivo peso de las multinacionales en las negociaciones.
En líneas generales, todos los participantes en las jornadas niegan que estas alianzas puedan generar los beneficios económicos que vende Bruselas. Por contra, aseguran que un acuerdo como el TTIP significará una mayor degradación de las condiciones laborales, destruirá cientos de miles de puestos de trabajo y dará alas a las multinacionales inversoras para denunciar a los estados frente a tribunales arbitrales privados, controlados por un puñado de empresas que obtienen beneficios millonarios.

IU espera que el TTIP no se ratifique en España gracias a nuevas mayorías

 
Izquierda Unida confía en que el Tratado de Libre Comercio entre la UE y EEUU (el conocido como TTIP, en sus siglas en inglés) no sea ratificado en las Cortes españolas gracias a las nuevas mayorías que esperan sumar en su contra tras las elecciones generales de noviembre de 2015.
El diputado de la Izquierda Plural en el Congreso, Joan Josep Nuet, y la portavoz de la delegación en la Eurocámara, Marina Albiol, dijeron hoy en una rueda de prensa que la formación dará la batalla para que no entre en vigor el TTIP, un acuerdo que creen no solo no creará empleo en la UE sino que lo destruirá.
"El TTIP es una batalla política de primer nivel. Hoy por hoy somos entre 25 y 30 diputados los que estamos en contra pero en noviembre de 2015 seremos cientos", dijo Nuet.
El diputado condenó la actitud del PSOE respecto al TTIP en el Congreso, sobre el que dijo "se muestra especialmente acrítico".
"Es incompatible cuestionar el artículo 135 de la Constitución y seguir apostando por el TTIP, pues el tratado consolida las políticas de austeridad y recorte", señaló.
"Si el PSOE tiene alguna esperanza de que en España haya un cambio de política económica solo puede tener una postura ante el TTIP, y es negarse a su ratificación en las Cortes", añadió.
Tanto Albiol como Nuet participaran esta semana en la Eurocámara en unas jornadas sobre el TTIP que repetirán en distintas ciudades españolas y en el Congreso de los Diputados.
"El objetivo es crear redes europeas contra el acuerdo, espacios de encuentro para que este tratado que nos pone a los pies de las multinacionales y se está negociando de espaldas a la ciudadanía no vea la luz", dijo Albiol.
La portavoz de IU señaló que el hecho de que se establezcan tribunales de arbitraje para resolver disputas derivadas del tratado "es un blindaje contra los gobiernos de izquierdas que quieran legislar distinto y para los pies a las multinacionales".
"El TTIP es un aviso para navegantes: aunque ganéis en las urnas no podréis aplicar otras políticas", afirmó Albiol, que mostró su preocupación por como puede afectar a las normas laborales en Europa un acuerdo con EEUU.

Un millón de firmas contra el TTIP y el CETA

En los últimos dos meses más de un millón de personas en toda Europa han firmado una Iniciativa Ciudadana Europea autoorganizada oponiéndose a los acuerdos comerciales entre la Unión Europea y América del Norte. La campaña está dirigida por la coalición STOP TTIPP, con el apoyo de más de 320 organizaciones de la sociedad civil (entre las que se encuentra la Campaña "#NoalTTIP"), sindicatos y organismos de protección de los consumidores de 24 Estados miembros de la UE.


Los activistas dicen que los acuerdos comerciales controvertidos, conocidos como TTIP (acuerdo UE- Estados Unidos) y CETA (acuerdo UE-Canadá), darían un poder sin precedentes a las empresas multinacionales y por lo tanto amenazan con anular la democracia y el Estado de Derecho, así como perjudicar la protección del medio ambiente y de los consumidores. Los tratados permitirían que las empresas demandasen a los gobiernos ante tribunales de arbitraje privados si sus leyes o políticas dañasen las ganancias de la compañía.

John Hilary, miembro del Comité de Ciudadanos, ha comentado: "STOP TTIP ha recogido más de un millón de firmas en un tiempo récord. Esto es especialmente embarazoso para la Comisión Europea, ya que ha intentado varias veces bloquear la participación de los ciudadanos en la forma en que estos tratados se están negociando y en su resultado. Jean Claude Juncker debe escuchar a la creciente oposición y dejar de negociar ambos tratados de inmediato ".

A mediados de julio, la coalición STOP TTIP solicitó el registro de una Iniciativa Ciudadana Europea (ICE) exigiendo que la Comisión Europea detuviera las negociaciones sobre el TTIP y no concluyera el CETA. De acuerdo con las normas de la UE, una iniciativa ciudadana de más de un millón de firmas puede obligar a la Comisión Europea a que revise una política y a celebrar una audiencia en el Parlamento Europeo. Sin embargo, a principios de septiembre la Comisión Europea se negó a registrar el ECI alegando que no era admisible. STOP TTIP reaccionó impulsando una versión auto-organizada de la ECI y denunciando la decisión de la Comisión Europea en el Tribunal Europeo de Justicia.

Según Susan George, miembro del Comité de Ciuddanos STOP TTIP: "La Unión Europea está tratando desesperadamente de sofocar la participación de los ciudadanos y evitar un debate crítico sobre estos acuerdos comerciales. No aceptamos esto. TTIP y CETA amenazan la democracia, los derechos laborales, las normas ambientales y los servicios públicos esenciales. Los ciudadanos quieren tener algo que decir en esto y deberían hacerlo! Un millón ya han dicho "No, gracias!" ¿Cuántos más se necesitan para que Bruselas los escuche? "

STOP TTIP ha anunciado que intensificará las protestas en los próximos meses. La recogida de firmas continuará y será acompañada por acciones creativas y manifestaciones. La primera de ellas tendrá lugar en Bruselas el 9 de diciembre, para felicitar irónicamente el 60 cumpleaños del presidente de la Comisión Jean-Claude Juncker.

John Hilary añade: "Vamos a entregar un regalo especial a Jean-Claude Juncker en su cumpleaños: Una tarjeta de cumpleaños gigante firmada por un millón de europeos. Los políticos siempre están llamando a los ciudadanos a que participen activamente en la política europea, y aquí hay más de un millón de personas que han hecho precisamente eso. En su 60 cumpleaños, Juncker debe soplar las velas de estos acuerdos comerciales masivamente impopulares y antidemocráticos a los que se stán oponiendo los ciudadanos en toda Europa. Un millón de firmas es sólo el comienzo. Continuaremos nuestra protesta hasta que el TTIP y el CETA sean historia ".

- No nos detengamos, firma aquí: http://noalttip.blogspot.be/2014/10/ciberaccion-contra-ttip-y-ceta.html

[Ciberacción] ¡Contra TTIP y CETA!

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